Encontrar, enfrentar y aprovechar la sombra

Desde siempre me ha generado curiosidad la oscuridad, la propia y la ajena. Y he querido ponerme en la piel de San Pablo cuando leía en una de sus cartas a los Romanos: 

«Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.  Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;  pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?«.

Y este conflicto en el interior de cada hombre, de cada mujer, que pretende hacer el bien pero que hace mal ¿Cómo se explica? El cristianismo habla del tema y precisamente por eso, en tantas ocasiones, ha sido criticado: ¡todo el día hablando de pecado! Y no es así, pero es relevante. Porque nos conviene conocernos; comprender de dónde nos vienen -para afrontarlos-, esas actitudes y comportamientos que denominamos pecados capitales y que nos dañan y producen dolor: la soberbia, la codicia, la avaricia, la gula, la pereza, la lujuria y la ira.

Y hablamos de un Dios Padre creador que nos conoce bien; de su hijo Jesucristo Redentor, que nos libera de la esclavitud del pecado; y de un Dios Espíritu Santo santificador, que nos da la gracia. Y se nos anima a practicar el sacramento del Perdón, de la Alegría, de la Confesión, de la Reconciliación donde nos examinamos, reconocemos nuestros pecados, los confesamos, pedimos perdón, reparamos y procuramos no volver a caer en la tentación con la gracia de Dios que nos ayuda. Y tenemos el acompañamiento espiritual, eclipsado en estas últimas décadas por terapias psicológicas y más recientemente por hermosas performances propias de la Nueva Era. Y, además, sabemos cómo termina la oración que Jesús nos enseñó:

«Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén».

Por otra parte, como estoy escribiendo la biografía de Popeye -un personaje de León que merece ser conocido- me he acercado en bastantes ocasiones, por lo que me cuenta, a lo que él denomina el bicho (la sombra, en terminología de Nietzsche). Y, por fin, en mí mismo y en los demás, cualquier observador con algo de sensibilidad puede apreciar de manera palpable ese mal, esa sombra que de alguna manera todos tenemos y que interesa gestionar para aceptarnos y comprender en profundidad a los demás.

En estas estaba cuando Pas Caroline, hermana de alma, me recomienda y regala Encuentro con la sombra. El poder del lado oscuro de la naturaleza humana, una colección de cuarenta y siete artículos breves escritos fundamentalmente por psicólogos yunguianos.

Como el tema me apasiona, lo he trabajado durante un mes, he subrayado frases y he hecho un resumen de lo que a mí me ha parecido más significativo. Obviamente, este artículo es una invitación a leer el libro porque resumir en pocas palabras casi quinientas páginas es osadía. Así que advierto que es un artículo largo, no una mera reseña de un libro.

Después de leerlo y estudiarlo, he entendido un poco mejor cómo actuaron los médicos nazis (el desdoblamiento), qué mecanismos tiene nuestra psique para dejar en el inconsciente lo que consideramos no nos representa, qué es eso de las proyecciones que hacemos por ejemplo cuando nos enfadamos con otro y creamos un enemigo o cómo hemos ido guardando y olvidando de pequeños en nuestro saco eso que no cuadraba con nuestro entorno por esa necesidad básica de ser queridos. Me he acercado un poco más al fascinante mundo del inconsciente, en un intento de ser más consciente de mí y de lo que pasa a mi alrededor y en el mundo. He reflexionado sobre la psicosis y la paranoia… En definitiva: ¿Qué hacer con nuestra sombra, cómo integrarla, cómo aprovecharnos de ella?

El psicólogo americano Carl Rogers decía que casi todos damos por hecho que el amor, los elogios y la aprobación que recibimos depende de que hagamos o digamos aquello que la gente (inicialmente nuestros padres) consideran correcto. Es decir, puesto que para la mayoría de nosotros la consideración positiva que experimentamos es algo condicionado, desarrollamos el hábito de ocultar quienes somos y qué pensamos de verdad y por el contrario, calibramos nuestras palabras para granjearnos la aprobación de los demás pero desvelando poca cosa…

Y Jutta Burggraf [Libertad vivida con la fuerza de la fe] hablaba de la necesidad de ordenar la propia casa y del esfuerzo personal para dominar las tendencias autodestructivas que se encuentran en nosotros.

Empecemos…

Todos somos Dr. Jekyll y Mr. Hyde: una persona afable y una entidad tenebrosa: somos imperfectos.

OBJETIVO del libro: Hacer consciente algo que es inconsciente (Jung: «Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino”).

OJO: afrontar este tema es un “secreto individual” equiparable al de experimentar a Dios, una experiencia tan poderosa que puede transformar completamente la vida de una persona.

En psicología -sobre todo yunguiana- se dice que todos tenemos un territorio inexplorado que es conocido como la sombra personal: bajo la máscara del Yo consciente se ocultan todo tipo de emociones y conductas negativas: rabia, celos, resentimiento, codicia, lujuria, mentira, tendencias asesinas y suicidas… La sombra contiene aspectos positivos, pero también los más abyectos, primitivos, inadaptados y violentos de nuestra naturaleza que hemos terminado rechazando por motivos morales, estéticos, sociales o culturales.

Jung: “Entiendo por sombra el aspecto “negativo” de la personalidad, la suma de todas aquellas cualidades desagradables que desearíamos ocultar, las funciones insuficientemente desarrolladas (90% de oro puro) y el contenido del inconsciente personal”.

TIPOS DE SOMPRAS:

Sombra personal: Contiene todo tipo de capacidades potenciales sin manifestar, cualidades que no hemos desarrollado ni expresado.

Sombra colectiva (mal): Nietzsche: “El arte impide que muramos de realidad”. Solo disponemos de una forma de protegernos de la maldad humana representada por la fuerza inconsciente de las masas: desarrollar nuestra consciencia individual.

Sombra familiar.

Sombra biológica: nuestra bestia, “nuestros ancestros consiguieron sobrevivir gracias a sus uñas y sus dientes”.

COMPLEMENTA AL EGO: aquello que nuestra personalidad consciente no desea reconocer y, consecuentemente, repudia, olvida y destierra a las profundidades de su psiquismo solo para reencontrarlas nuevamente más tarde en los enfrentamientos desagradables con los demás. El YO es el centro de la personalidad global que incluye: la conciencia, el inconsciente, el ego. “En los momentos decisivos Dios está siempre al lado de la sombra, no del ego ya que la sombra siempre se halla mucho más próxima al impulso creativo” (Kunkel).

¿CUÁL ES EL PROCESO DE LA SOMBRA?: Una sombra que comienza a desarrollarse en la infancia, a través de la educación, cuando negamos la parte oscura de nosotros mismos y fingimos identificamos con nuestros ideales (el drama comienza cuando llegamos al mundo “arrastrando nubes de gloria”: tendencias que hemos heredado de nuestro legado mamífero, la espontaneidad de 150.000 años de vida vegetal, la rabia de 5000 años de vida tribal y se la ofrecemos a nuestros padres. Pero nuestros padres solo quieren un niño-niña buena y no aceptan de buen grado nuestro obsequio: queremos parecer buenos y aceptados por quienes nos importan). Cualidades inaceptables que negamos y rechazamos que configuran una personalidad inferior, una subpersonalidad.

Todos los sentimientos y capacidades rechazados por el ego y desterrados a la sombra alimentan el poder oculto del lado oscuro de la naturaleza humana: tesoro escondido de facetas infantiles, apegos emocionales y síntomas neuróticos, aptitudes y talentos que no hemos llegado a desarrollar. Puede irrumpir violentamente en circunstancias emocionales extremas. El proceso de creación de la sombra es inevitable y universal. Nos hace ser quienes somos y nos induce a trabajar con la sombra para poder llegar a ser quienes, en realidad, somos. Hemos recibido la totalidad de Dios. Pero reprimimos partes de nuestro ser por demanda de los demás (Yo perdido), que nos provoca un vacío y falta de satisfacción y construimos una fachada (Falso Yo). Aquellas partes negativas de nuestro Falso Yo que son reprobadas y que negamos, es el Yo Enajenado. Las facetas negativas de nuestro Falso Yo, permanecen justo bajo el umbral de conciencia vigílica y amenazan de continuo con emerger. Por ello, para mantenerlas ocultas debemos hacer de continuo un esfuerzo activo o proyectarlas sobre los demás.

Pasamos los primero 20 años de nuestra vida decidiendo qué partes de nosotros mismos debemos meter en el saco (por ejemplo, las facetas femeninas de la personalidad) y el resto lo ocupamos tratando de vaciarlo. Si nos negamos a aceptar una parte de nuestra personalidad, éste termina tornándose hostil.

Ojo con la crisis de los 40: Dice una de las editoras del libro: “Descubrí mis propios demonios. Sentía que estaba convirtiéndome en lo que nunca había sido (mi auto suficiencia emocional y mi celosa independencia de los hombres dio paso a una dolorosa vulnerabilidad y súbitamente me transformé en una de esas mujeres que viven obsesionadas por las relaciones íntimas) y todo lo que tanto me había esforzado en construir perdió su sentido (investigación, la psicoterapia y la meditación). Me sentía capaz de cualquier cosa. Al afrontar los aspectos más lóbregos de mi ser y reorganizar mi vida, me siento más completa, mi relación con los demás es más profunda, se produjo un desarrollo auténtico de la compasión«. Se fue a Bali y escribió este libro. “Una disolución de los vínculos de todas mis obligaciones”: pareciera como si la sombra abandonara los sentimientos y obligaciones morales en manos del ego y entonces, carente ya de conciencia moral, se entregase a la satisfacción de todo tipo de impulsos prohibidos. La crisis de madurez nos obliga a revisar nuestra vida y buscar la forma de conferirle un sentido más profundo: tener en cuenta que la creación y la destrucción constituyen aspectos fundamentales de la vida. Al darnos más cuenta de nuestra muerte, sentiremos más la necesidad de crear, dar vida, dar la luz a algo. Tenemos impulsos destructivos que coexisten con impulsos creativos: necesidad de afrontar nuestros defectos, aceptarlos como parte de uno mismo y de la humanidad y experimentar una transformación personal.

PROCESO DE MADURACIÓN, AUTORREALIZACIÓN, INDIVIDUACIÓN. Jung considera a la sombra como una figura negativa, como un simple agregado de los aspectos de devaluados y negados de nuestra propia biografía personal que deben ser reintegrados antes de poder asumir el compromiso real de acometer el trabajo de individuación que nos obliga a enfrentarnos a los arquetipos del sexo opuesto. Todos tenemos una sombra siempre al acecho que emerge con fuerza en cualquier momento. Se trata de: ENCONTRARLA-INTEGRARLA-APROVECHARLA.

  1. ENCONTRAR NUESTRA SOMBRA (“recuperarla”) (Jung: “La sombra sólo resulta peligrosa cuando no le prestamos la debida atención”). Hacer consciente nuestro inconsciente. Oráculo de Delfos tenía dos consignas: “Conócete a ti mismo” y “Nada en exceso” (para ello hemos debido experimentar su lujuria, su orgullo, su rabia, su gula: solo quien ha comprendido y aceptado sus propios límites puede decidir ordenar y humanizar sus acciones).

      Advertimos en el exterior nuestras propias tendencias inconscientes. Oscurece nuestra visión del mundo, destruye nuestra objetividad y siembra de dificultades las relaciones que mantenemos con los demás.

1)Hacer una lista de lo que más nos desagrada de los demás (vanidad, mal humor, egoísmo, mala educación, avaricia).

2)Seleccionar las que más odiemos, aborrezcamos o despreciemos.

Por más difícil que nos resulte creer -y aun más de asumir- este inventario final nos mostrará una imagen fidedigna de nuestra propia sombra personal.

3)Cuando nuestra crítica sea desproporcionada o excesiva podemos estar seguros de que algo inconsciente ha sido estimulado y reactivo.

Lo que censuramos de nuestros enemigos no es más que una proyección oscura de nuestra propia oscuridad.

4) Efecto halo. Nos quedamos enganchados cuando estamos enamorados de alguien y proyectamos sobre ella todo tipo de cualidades positivas.

¿Dónde la encontramos?

 –Preguntar a los demás qué sombras ven en mí, de alguien que nos conozca bien (nos sentimos amenazados («son subjetivos, están proyectando o tienen intereses») y preferimos seguir creyendo que los demás nos ven del mismo modo en que nos vemos nosotros). Cuando la opinión de varias personas sea coincidente haría bien en tomar nota de sus observaciones.

En el humor (chistes sucios o en payasadas) que expresan nuestras emociones más ocultas, más bajas, más temidas. Algo nos resulta muy divertido como un resbalón de otro (sadismo reprimido). («Quienes rechazan y reprimen a la sombra suelen carecer de sentido del humor y se divierten con muy pocas cosas»). En nuestras identificaciones. Acontecimientos deportivos, competiciones: ¡rómpele los brazos, mata a ese sucio bastardo, no le dejes escapar…¡

Sentimientos exagerados respecto a los demás: “No puedo creer que hiciera…” “No comprendo cómo puede vestir…”

 

-En el feedback negativo de quienes nos sirven de espejo: “Es la tercera vez que llegas tarde sin decírmelo”.

 -Cuando las personas dejan de lado sus necesidades de tiempo libre, intimidad y familia y se convierten en una especie de máquinas podemos constatar la presencia de la sombra en el mundo laboral.

 –Atribuirnos la posesión de dones especiales: cuando creemos en la infalibilidad de nuestras valoraciones y en nuestra inmunidad a los errores.

 –Cada vez que respondemos exageradamente “a favor” o “en contra de algo” y nos mantenemos inflexibles en nuestra actitud existen sobradas razones para sospechar que nos hallamos en territorio de la sombra y que haríamos bien en investigar.

 

-Nos enfadamos desproporcionadamente por los reproches de un amigo (entre personas del mismo sexo padecemos mucho más los efectos de la sombra).

En los enfados desproporcionados por los errores cometidos por los demás.

Rechazo inexplicable hacia ciertos temas.

-La presencia de sentimientos difusos de culpabilidad, inseguridad, insatisfacción, malestar.

-Vago sentimiento de temor, un inoportuno ataque de risa, un estallido de lágrimas o una explosión de ira.

-En aquellas situaciones en las que nos sentimos humillados: “Me avergüenza su modo de tratarme”.

En las acciones impulsivas o inadvertidas: examinar nuestros lapsus. (“No quería decir eso”).

-En aquellas relaciones en las que provocamos de continuo el mismo efecto perturbador sobre diferentes personas (“Sam y yo creemos que nos has sido sincero con nosotros”).

-Nos sentimos abrumados por la vergüenza o la cólera.

-Rabia, celos, resentimiento, codicia, lujuria, mentira.

-Tendencias asesinas o suicidas.

-Cuando descubrimos que nuestra conducta está fuera de lugar.

-Cuando sentimos un inexplicable sentimiento de antipatía hacia alguien.

-Cuando descubrimos un rasgo inaceptable en nosotros.

-Cuando repentinamente nos invade el odio, la envidia, la vergüenza.

-Analizar nuestros sueños, ensueños, fantasías (pp.93):  cuando la sombra aparece en nuestros sueños asume el aspecto de una figura de nuestro mismo sexo. Reaccionamos con miedo, desagrado, disgusto como ante alguien que consideramos inferior; huimos de ella, la evitamos y a veces experimentamos que nos persigue; algo difuso de quien huimos. Queremos evitarla. ¿Qué hacer? Lo idóneo: afrontarla y descubrir qué es y qué pretende; observarla. Jung decía: «En los mitos, en la literatura y en los sueños la sombra suele representarse como un hermano».

Suelen ser fantasías de violencia, de poder, riqueza y sexo. Ensueños de abundancia donde conseguimos lo imposible.

Jung: “Donde hay amor no existe el deseo de poder y donde predomina el poder el amor brilla por su ausencia. Uno es la sombra del otro”. (Jung)

-En nuestras proyecciones: Solo la vemos indirectamente a través de los rasgos y acciones de los demás: nos damos cuenta de ella con seguridad fuera de nosotros mismos. El sujeto se siente tan intachable que resulta inevitable que atribuya cualquier problema que aparezca en el mundo. Al negar su propia maldad esas personas deben proyectarla sobre el mundo y percibir que los malos son los demás.

                   Cuando nuestra admiración (proyección positiva) o rechazo (proyección negativa) ante una cualidad de un individuo o un grupo (pereza, estupidez, sensualidad, espiritualidad) es desproporcionada: quiero expulsar mi sombra de nuestro interior ¿Cómo? Proyectando y atribuyendo determinadas cualidades a los demás en un esfuerzo inconsciente de desterrarlas de nosotros mismos.

Percibimos en un tercero un rasgo en su conducta que no reconocemos como propio. La mayor parte de las veces vemos en el otro atributos que nos desagradan de nosotros mismos: qué me molesta de fulanito y en qué medida me afectan.

Hay proyecciones útiles y adecuadas. El problema no radica tanto en el hecho de proyectar sino en el tiempo que permanecemos proyectando.

Cuando una persona, o una cosa, nos informa, lo más probable es que no estemos proyectando; si por el contrario nos afecta, es muy probable que estemos siendo víctimas de nuestras propias proyecciones.

El encontrar la sombra nos obliga a ralentizar el paso de nuestra vida, escuchar las evidencias que nos proporciona el cuerpo y concedernos el tiempo necesario para poder estar solos y digerir los crípticos mensajes procedentes del mundo subterráneo.

2. ENFRENTARNOS A LA SOMBRA E INTEGRARLA (RECUPERAR): no se trata de desterrar las cualidades inaceptables e inmoderadas (son una amenaza para nuestra imagen): proceso de negación de la mente:

“El rango de lo que pensamos y hacemos/está limitado por aquello de lo que no nos damos cuenta. Y es precisamente el hecho de no darnos cuenta de que no nos damos cuenta, lo que impide que podamos hacer algo por cambiarlo. Hasta que nos demos cuenta de que no nos damos cuenta seguirá moldeando nuestro pensamiento y nuestra acción” (R.D. Laing)

ni expresarlas en su conducta más oscura (neurosis, enfermedades psicosomáticas, depresiones, drogas…).

                La integración de la sombra siempre corre pareja a la disolución de la falsa persona. Uno se torna más realista porque ve con más claridad la verdad sobre sí mismo y la verdad siempre tiene efectos saludables.

                El espíritu femenino es capaz de alcanzar una síntesis más allá de la lógica. La mente racional, lógica, masculina es la que declara que opuestos como el ego y la sombra, la luz y la oscuridad jamás podrán integrarse.

Recuperar la sombra:

a) Es una manera de conocernos Y aceptarnos como somos y encauzar las emociones negativas.

 b) ¿Cómo?: servirnos de la escritura, el dibujo o los sueños, rituales, la psicoterapia (la integramos, reducimos su potencial inhibidor o destructor y liberamos la energía positiva de la vida que se halla atrapada en ella).

                El hecho de afrontar y asimilar nuestra sombra nos obliga a reconocer la totalidad de nuestro ser, una totalidad que engloba el bien y el mal, lo racional y lo irracional, lo masculino y lo femenino, lo consciente y lo inconsciente.

                Cuando nos percatemos de que la capacidad de hacer el mal también mora en nuestro interior, podremos hacer las paces con nuestra sombra y nuestro barco podrá, por fin, navegar a salvo de las adversidades. Para alcanzar la paz nos veremos obligados a realizar un doloroso esfuerzo espiritual.

                ¿Hay alguna diferencia entre el sí y el no?

                ¿Hay alguna diferencia entre lo bueno y lo malo?

                ¿Debo temer lo que los otros temen? ¡Qué absurdo!

Tener y no tener son las dos caras de una misma moneda.

                Lo fácil y lo difícil se complementan mutuamente.

Lo largo y lo breve cooperan entre sí.

Lo alto y lo bajo se sustentan el uno al otro.

El frente y el reverso van siempre juntos.   (Lao Tse)

El encuentro terapéutico con la sombra suele comenzar en la madurez, cuando ponemos en cuestión los valores que habían gobernado nuestra vida, se tambalean las esperanzas o nos sentimos abrumados por la envidia, los celos, el impulso sexual y la ambición. Cuando nuestra vida parece que se estanca y pierde interés y sentido. La terapia exige que nos hagamos cargo de todo aquello que habíamos sacrificado en aras de un ego ideal y reorganicemos nuestra personalidad sin dejar de lado nuestros aspectos más destructivos. El objetivo de este proceso de individualización es abrazar simultáneamente la luz y la oscuridad y favorecer el desarrollo de una relación creativa entre el ego y el Yo, que requiere normalmente un guía, un testigo, un psicoterapeuta. Este proceso difícil y doloroso de curación de la sombra, requiere el reconocimiento moral de los aspectos más despreciables de nosotros mismos y la aceptación amorosa y alegre de su misma existencia. El punto fundamental del proceso de individuación consiste en desarrollar nuestra personalidad a pesar de las exigencias a que nos somete la vida colectiva. Se trata de vivir nuestra propia vida: cuanto más tratamos de seguir nuestro propio camino más nos molesta la rigidez de las normas y los valores colectivos. Darnos cuenta de la sombra, abrirle un espacio a nuestra conciencia, invitarla a comer, tratarla con amabilidad y tomar conciencia de lo que tiene que ofrecernos. Abrir la puerta a los contenidos más negativos de nuestra sombra puede ayudarnos a ablandar nuestro corazón hacia nosotros mismos y hacia nuestro semejantes, a ser más comprensivos con las flaquezas humanas y a ser más cuidadosos para no proyectar nuestra sombra sobre los demás ni sobre nosotros mismos.

«La vida es una sombra huidiza…

mero ruido y furia,

un cuento absurdo

contado por un idiota» (Shakespeare)

Este encuentro con el inconsciente puede contribuir tanto a disgregar nuestra personalidad como a guiarnos por el camino de la sabiduría.

Tomar conciencia de nuestra maldad individual y nuestras aspiraciones conscientes al bien. Hacer conscientes nuestros conflictos inconscientes, lo cual significa 1) sustituir nuestra visión moral previa -basada en la tradición- por la reflexión subjetiva, 2) aceptar que los derechos de los demás son tan legítimos como los del ego y 3) conceder el mismo valor a los derechos del instinto que a los de la razón. ¿Cómo reconciliar dos opuestos tan dispares como el bien y el mal? En términos religioso diríamos que se trata de una crucifixión -a la que sigue una resurrección- en la que la voluntad del ego se unifica con la voluntad de Dios ya que, desde cierto punto de vista, el sacrificio voluntario es condición sine qua non de la salvación.

Hay muchas formas de asimilar la sombra. El uso de un lenguaje escrupuloso puede ser uno de los métodos más fructíferos: escribir, la pintura, la escultura.

3)APROVECHAR LA SOMBRA. Su energía en un proceso de maduración personal, de autorrealización, de individualización.

Cuando asumimos nuestros “demonios” internos -simbolizados por aquellas tendencias que más tememos y rechazamos- los transmutamos en útiles aliados, en energía psíquica renovada y apta para propósitos más constructivos. Este proceso de descubrimiento puede conducirnos a la paradoja con la que tropiezan muchos artistas: lo que antes habíamos negado y rechazado se convierte en la verdadera fuente redentora de nuestra vitalidad, creatividad y espiritualidad.

El mal -ya sea una enfermedad, un desorden externo, la pérdida de sentido de la vida o un impulso inmoral- constituye un poderoso factor curativo que nos ayuda a reconciliar nuestra individualidad con el núcleo central de nuestro ser, el Yo, la imagen de la Divinidad. Quien logre esta reconciliación no solo se abrirá a lo creativo sino que también experimentará la tensión entre los opuestos de un modo nuevo y más positivo, recuperando, al mismo tiempo, su capacidad de decisión y de acción.

Después del primer paso (aceptar la existencia de la sombra) podemos iniciar el segundo (descubrir sus cualidades) observando atentamente nuestras reacciones ante los demás y reconociendo que lo que nos parece negativo no son los demás -o nuestros enemigos- sino un impulso procedente de nuestro interior.

Cuanto más avanzamos más claro nos resulta que el principal avance consiste en la ampliación de la conciencia. Casi todas las dificultades de nuestra vida provienen del hecho de tener una conciencia demasiado estrecha como para comprenderlas y nada contribuye más a comprender estas dificultades que aprender a conectar con ellas mediante la imaginación activa. Cuando podamos reconocer estas cualidades oscuras también podemos integrar otras facetas más positivas -tales como el poder, la sexualidad, la asertividad y la ternura, por ejemplo- y de este modo expandir nuestra identidad.

LA SOMBRA Y LOS DEMÁS. El trabajo con la sombra constituye una herramienta fundamental para sanar nuestros problemas de relación. La relación que tenemos con nuestros hermanos del mismo sexo constituye el vinculo más tenso, escurridizo y ambivalente que existe. Creo que hasta las mujeres que carecen de hermana biológica anhelan durante toda su vida un deseo de relación fraterna que las lleva a buscar hermanas sustitutas. Las cualidades identificadas que resultó ser más atractivo de tu compañero suelen ser las mismas que más tarde se convierten en motivo de conflicto. (pp 137: Descubriendo nuestros opuestos en la relación conyugal): el más frecuente de los problemas maritales: diferenciar entre los pensamientos, sentimientos, deseos etc que pertenecen a uno y aquellos otros que concierne a la pareja; un problema que deriva de cómo trazamos nuestras fronteras personales. En la confusión entre lo que tiene que ver con uno y lo que tiene que ver con el otro radica el origen de la mayor parte de los problemas en las relaciones de pareja. Entre ellos se había abierto un abismo, el conflicto entre satisfacer sus necesidades individuales y satisfacer las necesidades de la relación.

En la pareja: “identificación proyectiva”: mecanismo mental muy difundido, complejo y destructivo que consiste en proyectar aquellos aspectos negados y enajenados de la propia experiencia interna sobre la pareja y percibir luego esos sentimientos disociados como si procedieran de ella. Ejemplo de alguien que nunca se enfada y no es agresiva: Fulanito solo es consciente del sentimiento de cólera cuando aparece en otra persona. Cuando algo le afecta hasta tal punto de hacerle experimentar el enojo se desconecta conscientemente de esa emoción. Quizás no sepa que está enojado pero es un experto en provocar las explosiones de hostilidad y cólera de su esposa. Su pareja, que estaba tranquila antes de la interacción, se enfurece rápidamente y terminan representado la cólera por algo nimio. Ella le protege de aquellos aspectos de su ser que él no puede aceptar y reconocer como propios. Él suele censurar severamente a la esposa por el ataque de cólera de ella. Se horroriza ante la conducta airada, impulsiva de la esposa.

Lo daimónico es cualquier función natural -como la sexualidad, el erotismo, la cólera, la pasión y el anhelo de poder, por ejemplo- que tiene el poder de dominar a la totalidad de la persona. Puede convertirse en un acicate para la creación o en un terremoto destructivo. Cuando este poder funcional mal y un fragmento termina usurpando el control de toda la personalidad padecemos una “posesión daimónica” (psicosis).

Diabólico es el antónimo de “simbólico”, un término que procede de sym-bollein, que significa “reunir”, juntar.

«Si realmente deseamos alcanzar la paz debemos empezar a desmitificar al enemigo, dejar de politizar los fenómenos psicológicos, recuperar nuestra sombra, dedicarnos a estudiar minuciosamente las mil y una formas en que negamos, enajenamos y proyectamos en los demás nuestro egoísmo, nuestra crueldad y nuestros celos y, finalmente, comprender en profundidad cómo hemos creado inconscientemente un psiquismo beligerante y cómo hemos perpetuado las innumerables variedades de violencia». (Sam Keen)

LA CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO: Tener un enemigo es como poseer un tesoro oculto en nuestra propia casa sin haber realizado esfuerzo alguno por conseguirlo. Debemos cuidar a nuestros enemigos porque ellos constituyen la mejor ayuda en el camino que conduce a la Iluminación. Todos necesitamos enemigos. El proceso de creación de enemigos parece cumplir con una función importante: la atribución inconsciente y cruda a nuestros enemigos de aquellos rasgos que nos resultan especialmente intolerables de nosotros mismos. Fabricarnos al enemigo con las partes negadas de nuestro propio yo. Por tanto “ama a tu enemigo como a ti mismo” nos señala el camino que conduce al autoconocimiento y la paz.

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.  (Lucas 6, 27-36)

Para comprender el arquetipo del adversario, comprendamos la lógica de la paranoia:

                Una persona o grupo se atribuyen toda la pureza y justicia y asignan la hostilidad y maldad a sus enemigos. Me identifico conscientemente con el “buen Yo” e inconscientemente reprimimos y proyectamos el “Mal Yo” a nuestros enemigos. Así, quitamos de nuestra conciencia lo que no acepto (sombra: la envidia, la crueldad, el sadismo, la hostilidad…) que a partir de entonces solo reconocemos en nuestros enemigos. Así, reducimos la ansiedad y la culpabilidad que sentimos. Se mantienen por la percepción y memoria selectiva: nos percatamos y recordamos solo los aspectos negativos del enemigo. Un paranoico no admite la igualdad. O se siente sádicamente superior y domina a los demás, o masoquistamente inferior y amenazados por ellos. En la mentalidad infantil, el gigante -el padre, el enemigo- es el único que detenta el poder, el único por tanto moralmente responsable de no eliminar el mal y el sufrimiento de su vida. Lo más terrible de todas las paradojas morales es el hecho de que creemos el mal a partir de nuestros ideales más elevados y de nuestras aspiraciones más nobles. Necesitamos ser héroes, estar al lado de Dios, eliminar el mal, purificar el mundo y vencer a la muerte de todo lo que se interponga en nuestro heroico destino. (página 297).

Lo sagrado en lo profano. Jung creía que Dios, el Dios viviente, solo puede ser encontrado donde menos queremos mirar, en el lugar en el que más nos resistimos a buscar. El camino del espíritu es estrecho y ascendente, el camino del alma sinuoso, perturbador y descendente: reconocer nuestra corrupción, admitir su existencia en nuestras acciones, en nuestras fantasías, en nuestros anhelos más secretos y momentos más ocultos. Nuestro objetivo no es llegar a ser «buenos», ingenuos e inocentes sino auténticos y reconocer nuestra oscuridad mediante la vía negativa: de qué somos capaces, cuáles son nuestros límites, nuestros odios y deseos. ¿Estamos dispuestos a celebrar el «sacramento del asesinato» y reconocer que el núcleo de nuestra oscuridad, de nuestra atracción por el mal y de nuestro rechazo de la totalidad son tan esenciales para obtener la gracia, el alma y el «oro» como nuestras creencias y esfuerzos deliberados hacia la totalidad, la bondad, la perfección?

El humor facilita enormemente el trabajo de aceptación de la sombra. Es muy probable que quien carezca de sentido del humor se halle muy desconectado de su sombra y sienta la imperiosa necesidad de seguir manteniendo la fachada de las apariencias.

Mientras no tomemos conciencia de la enorme influencia de la sombra en nuestras decisiones conscientes permaneceremos sujetos a su influjo. Solo entonces podremos tomar decisiones claras y conscientes, solo entonces podremos elegir ser personas respetables y decidir comportarnos como alguien con quien se puede contar.


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