Artículos de opinión

Destino universal de los bienes

La última encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti sobre la fraternidad y la amistad social me ha encantado. Leí comentarios polémicos sobre la frase: «El derecho a la propiedad privada sólo puede ser considerado como un derecho natural secundario y derivado del principio del destino universal de los bienes creados», que guarda relación con lo que en la Doctrina Social de la Iglesia se denomina la «función social de la propiedad privada».

Pero, ¿qué se entiende como «destino universal de los bienes», uno de los cinco principios de la enseñanza social católica junto con los del bien común, subsidiaridad, participación y solidaridad? El Catecismo le dedica seis puntos dentro del séptimo mandamiento (no robarás) que, con miras al bien común, «exige el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada». Dios, al comienzo de los tiempos, confía la tierra y sus recursos a la administración común de la humanidad para cuidarlos, para dominarlos con el trabajo y beneficiarse de sus frutos. «Los bienes de la creación están destinados a todo el género humano», existe una «donación original de la tierra al conjunto de la humanidad». Y la Gaudium et spes (n. 69) dice: «El hombre, al servirse de los bienes, debe considerar las cosas externas que posee legítimamente no sólo como suyas, sino también como comunes, en el sentido de que puedan aprovechar no sólo a él, sino también a los demás». Este principio afirma el pleno y perenne señorío de Dios sobre toda realidad y la exigencia de que los bienes de la creación se orienten al desarrollo de todo hombre y de la humanidad entera.

Todo hombre tiene derecho a gozar del bienestar necesario para su pleno desarrollo. Es un derecho natural –inscrito en la naturaleza humana–, originario –a cada persona, a toda persona– y prioritario respecto a cualquier intervención humana sobre los bienes, a cualquier ordenamiento jurídico, a cualquier sistema y método económico-social: todos los demás derechos están subordinados a él y no deben estorbarlo sino más bien facilitar su realización. ¿Significa que todo esté a disposición de cada uno o de todos o que las mismas cosas sirvan o pertenezcan a cada uno o a todos?: No. Significa que al actuar sobre los propios recursos se persiga, además del beneficio personal y familiar, también el bien común.

Es un principio que invita a cultivar una visión de la economía inspirada en valores morales que permitan no olvidar nunca el origen y finalidad de los bienes económicos, para así realizar un mundo justo y solidario en el que la riqueza cumpla una función positiva. «Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y los pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad» (GS 69).

Un libro que complementa el tema es Dinero, codicia y Dios, de Jay W. Richards y del que les hablaré en otra ocasión.

Después de leer este artículo, me llamó José María Martínez, que es la persona que lleva la comunicación del obispado de León y me hizo esta entrevista en la COPE.

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