Diario de un náufrago

Me gusta llevar los cordones desatados

Ayer viernes me llegué una gran alegría. De la editorial te dicen: «Ya te llegará, en dos o tres semanas». Pero estás en el día a día de tu trabajo y alguien llama a la oficina y te dice que tiene unos paquetes. ¿Serán los libros? Y sí. Es una emoción increíble. Una criaturita tuya… Algo de esto recuerdo haber leído en la carta del papa Juan Pablo ll a los artistas… Y, después, todas las muestras de cariño y enhorabuena de la gente. Creo que para un PAS es demasiado. En estas circunstancias tan raras en las que vivimos, decido no hacer una presentación del libro. Quizás, cuando todo mejore… Con un amigo-cliente nos fuimos a Pastor, Universitaria y Artemis y dejamos allí varios ejemplares. Lo miro ahora, otra vez, y me gusta cómo quedó. Estoy contento.

El diseño de la portada de la Gorjuss es de Joaquín Olmo, un magnífico ilustrador. Si os fijáis, veréis algunos detalles que os dan pistas del protagonista de los relatos: ADAS, Musac, PAS, Minimalism, la justicia…

Este es el texto de la contraportada:

En estos once relatos descubrimos, con humor y tono irónico, los hitos
fundamentales en la vida de Joaquín O desde los treinta hasta los cuarenta
años. Aunque cada historia tiene significado propio, una lectura continuada nos aproxima a las vivencias de un hombre en busca de sentido y
que parece encontrarlo en el amor promiscuo, en una espiritualidad cargada de contrastes, en la práctica de la meditación, el yoga, el mindfulness
y en las relaciones sociales de su querida Casa Galicia y Asociación ADAS.
Joaquín O descubre al amor de su vida, la bella Natalia; a punto de morir en el pico Gilbo, se convierte en el fundador de la octava rama escindida de la cuarta de la secta mormona del V Milenio; asiste a un taller de sueños lúcidos con el gran profesor Ricardo Gatoalfa; acude a un psicólogo y más tarde a su uróloga; se indigna ante la violencia de un energúmeno machista y asiste, «porque para un escritor bohemio todo es fuente de inspiración», a una asamblea de feministas radicales; en una excursión de senderismo conoce a Olipio opio —Joaquín O tiene la costumbre de apuntar en su móvil alguna característica que le recuerde quién es el nuevo contacto—; practica meditación Zen Sangang y kundalini yoga y, en el
último relato, «Menudo reencuentro», con el padre Joaquín, el maestro
marianista de Latín de su época de estudiante, descubre aspectos significativos de su biografía.
En estos tiempos tan raros en los que nos ha tocado vivir, Me gusta llevar
los cordones desatados supone una auténtica bocanada de aire fresco.

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