Diario de un náufrago

Kundalini yoga

julio 2020

En un prado de Navafría, con la bendita compañía de centenares de moscas nerviosas por detectar nuestra energía y de los ladridos de algunos perros hambrientos, en círculo, en nuestras esterillas, tuvimos una sesión estupenda de Kundalini Yoga, de la mano de Belén Kundalini, por supuesto. Hacía meses que no practicaba, que necesito de lo presencial, y me volví a entusiasmar con las asanas, las crillas, el aura, la meditación, los chakras, la «respiración solo por la nariz», con los «ojos cerrados»… Una hora y media que, sucede cuando fluyes, se pasó volando. ¿Quién necesita el reloj?Terminamos la sesión con «el reposo» y la puesta del «eterno sol» de fondo. Y unos bombones de Renta 4, que nunca deben faltar en una sesión de kundalini yoga y menos si es en un prado de Navafría. Y con unos tomates de la huerta ecológica de Bego. Buenísimos. Y un intercambio de ropa, que «lo que no queráis va para Cáritas». Me encantaría saber qué pensó la paisana que pasó a nuestro lado y que se despidió con un «ahí os quedáis» cuando nos vio cantar:

Que el eterno sol, te ilumine y el amor te rodee. Que el eterno sol te ilumine y el amor te rodee. Y la luz pura interior guíe tu camino, guíe tu camino. Y la luz pura interior, guíe tu camino, guíe tu camino. Que el eterno sol, te ilumine y el amor te rodee. Que el eterno sol te ilumine y el amor te rodee. Y la luz pura interior guíe tu camino, guíe tu camino. Y la luz pura interior, guíe tu camino, guíe tu camino. Sat Nam, Sat Nam, Sat Nam, Siri Ware Gurú.

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