Diario de un náufrago

Garabandal, catarata imparable

julio 2020

Ayer vi un documental en Youtube sobre las apariciones de la Virgen en San Sebastián de Garabandal (Cantabria), más de 2000, acompañadas de éxtasis, trances, levitaciones, extenciones de cuellos y fenómenos extraordinarios visibles por miles de testigos. Se apareció a cuatro niñas de once y doce años desde 1961 a 1965, época más o menos coincidente con el Concilio Vaticano II. La primera aparición sucede después de que las niñas han estado robando manzanas y sucede el 2 de julio de 1961. Mientras entran en trance no se las puede mover y embellecen. Con numerosos testimonios de médicos, teólogos, testigos, familiares… nos cuentan de las dos «comisiones» y de cómo Benedicto XVI, desde Roma, en una carta, ni confirma ni desmiente, dejando la puerta abierta para nuevos estudios. La Virgen habla de muchas cosas, entre otras, de un aviso (veremos nuestras almas como las ve Dios), de un milagro (enorme, para convertir al mundo entero) y de un castigo. Y les da dos mensajes.

El primero, el 18 de octubre de 1961: «Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia, visitar al Santísimo. Pero antes tenemos que ser muy buenos, y si no lo hacemos nos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa. Y si no cambiamos nos vendrá un castigo muy grande».

Años más tarde, el 18 de junio de 1965, lanza el segundo mensaje: «Como no se ha cumplido y no se ha dado mucho a conocer mi mensaje del 18 de octubre de 1961, os diré que este es el último. Antes, la copa se estaba llenando, ahora, está rebosando. Muchos sacerdotes, obispos y cardenales van por el camino de la perdición y con ellos llevan a muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debéis evitar la ira del buen Dios sobre vosotros con vuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras, Él os perdonará. Yo, vuestra madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación. Pedidnos sinceramente y nosotros os lo daremos. Debéis sacrificaros más. Pensad en la Pasión de Jesús».

Recordemos que en los diez años siguientes al Concilio Vaticano II 17.000 sacerdotes se secularizan y 25.000 religiosos/as abandonan la vida consagrada. Recomiendo verlo y que cada cual saque sus propias conclusiones.

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