Pensativos

«Pensativos. Los placeres ocultos de la vida intelectual» de Zena Hitz, me ha encantado. ¿Hay algún lugar donde retirarnos, disfrutar con sosiego, contemplar y vincularnos de nuevo con los demás?: la vida interior. Y una forma de cultivarla es el ámbito del pensamiento. «El concentrarnos exclusivamente en la lectura y la conversación, la insistencia en hacer preguntas básicas, la convicción de que el valor de la actividad intelectual radica en la búsqueda más que en lo que logremos».

En el Prólogo –De cómo lavar platos restauró mi vida intelectual– la autora se desnuda: de cómo su vida intelectual profesional hundía sus raíces en su infancia, sus largos años de «una gradual y aplastante desilusión con la vida académica» por su pugna por el estatus y el prestigio, su paso «a la mitad del camino de mi vida» por una comunidad católica llamada Madonna House –«cambiábamos de trabajo con la frecuencia suficiente para que nadie pudiera identificarse completamente con su labor. Tanto cambio hacía que fuera más fácil ver el trabajo no como un vehículo para alcanzar el éxito, sino como una forma de servicio»– hasta su salto definitivo a la enseñanza en su antigua universidad de artes liberales.

De las diferentes maneras de nutrir la vida interior –«tocando música, ayudando a los débiles y vulnerables, pasando tiempo en la naturaleza, orando»– el aprendizaje, la actividad intelectual –como «una forma de servicio amoroso»– es crucial. En el libro expone ejemplos –Sócrates, san Agustín, Malcom X–, historias y argumentos que muestran «el carácter humano ordinario de los bienes intelectuales, el ocio, la contemplación y el aprendizaje». Como se dice en la contraportada, «es un recordatorio apasionado y oportuno de que una vida rica en el ámbito del pensamiento es una vida plena». ‘Un refugio del mundo’, ‘Aprender a perderse para encontrarse’ y ‘La utilidad de lo inútil’, capítulos que dejan muy buen sabor de boca.

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