No hagas montaña de un grano de arena

Esta semana tuve la oportunidad de escuchar a Rafael Santandreu, que vino a presentar su último libro –No hagas montaña de granos de arena. Y todo son granos de arena– de la mano del Teléfono de la Esperanza, al que nos animó a hacernos voluntarios a las setecientas personas que abarrotábamos el salón de actos de los Maristas de León: “Porque nos ayuda a pensar en los demás (fuente de felicidad), recibimos una estupenda formación en psicología e incluso podemos ligar”.

Se trata de tener fortaleza emocional y últimamente está muy centrado en la “psicosomática”;  dijo que de las operaciones de espalda que se operan, se descubre que mitad no tenían nada. También, habló de los dolores de cabeza y de la migraña y puso el ejemplo de Lituania, donde una gran compañía americana de seguros quiso expandirse allí, y detectaron que los médicos desconocían el “latigazo cervical recurrente”. Dio cuatro pistas para detectar un dolor psicosomático: “que el médico no vea nada, que el dolor cambie, que sea demasiado grande y que dure demasiado”.

La mente produce cosas espectaculares y también bienestar maravilloso. Es quien crea las emociones y nuestras percepciones. Si pensamos que reaccionamos como reaccionamos y no hay salida, se convierte ese pensamiento en algo “sólido”, la mente crea ese hábito y volveremos a reaccionar así. Se trata de cambiar ese hábito. Por eso, hemos de aprender a hablar a nuestra mente y convencerla de lo que queremos y después, actuar como si el cambio ya se hubiera hecho. Convencernos que la mayoría de nuestros problemas son un grano de arena, no una montaña: puso el ejemplo personal de que, al coger un vuelo a México para presentar este libro, la editorial le había pagado clase preferente y en Iberia le indicaron que había overbooking y tuvo que “contentarse” con ir en clase normal. Estuvo media hora hablándole a su mente para ver la situación positiva y no amargarse. ¿Vale la pena este esfuerzo? Sí. Fuera los hábitos de quejas, de amargura, de protestas.

En este proceso, ayuda “necesitar poco”. A más necesidad, más debilidad. Puedes tener un Ferrari, pero no pienses que lo necesitas para ser feliz”. Necesidades materiales o inmateriales, como la de tener siempre la razón: nos contó la experiencia con un amigo que estaba empeñado en que hiciera él meditación; como vio que no podía hacer nada, le dijo que ok, que empezaría el lunes y cambió de tema; “Dale la razón y cambia de tema: solo quiere tener razón.

Nos animó a educar la mente y dedicar tiempo a nuestra salud. Y respecto a las personas tóxicas, nos dijo que cuanto más convencido estamos de nosotros mismos, de estar emocionalmente bien, menos nos afecta lo que hagan o digan los demás. Incluso puedes poner distancias, hacerte gracia esos comentarios. Cuanto más convencidos estés de estos principios, menos vulnerable eres. El problema es cuando dudamos…

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