
Vicktor E. Frankl -vienés, padre de la logoterapia, prisionero durante tres años en Auschwitz y Dachau, durante un cuarto de siglo presidente del departamento neurológico de un hospital público- escribió El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia (en 1975), una colección de lecciones, ensayos, conferencias, artículos y discursos del propio autor.
Comienza con el ensayo El hombre en busca de sentido (Viena, 1971).
El hombre está siempre orientado y ordenado a algo que no es él mismo; ya sea un sentido que ha de cumplir ya sea otro ser humano con el que se encuentra. En una y otra forma, el hecho de ser hombre apunta siempre más allá de uno mismo, y esta trascendencia constituye la esencia de la existencia humana. El hombre no es que quiera la felicidad en sí, sino un fundamento para ser feliz: sentado este fundamento, la felicidad o el placer surgen espontáneamente. Lo más profundo del hombre no es el deseo de poder ni el deseo de placer, sino el deseo de sentido. El hombre aspira a encontrar y realizar un sentido y a encontrarse con otro ser humano en forma de un tú. Ambas cosas, la realización de un sentido y el encuentro humano, ofrecen al hombre un fundamento para la felicidad y el placer. En el neurótico, en vez de buscar el placer como un efecto, se convierte en el objetivo de una intención forzada, de una “hiperintención” acompañada de una “hiperreflexión”.
En esta época de frustración existencial, sobre todo es el joven quien se siente frustrado en su deseo de sentido. ¿Cuáles son las causas de este vacío? La pérdida del instinto y de tradición. Cuando no sabemos qué queremos, nos sentimos tentados a querer lo que los demás hacen (conformismo propio de occidente) o a hacer lo que los demás quieren (totalitarismos propios del hemisferio oriental). Pero, además, de totalitarismo y el conformismo, hay otra secuela del vacío existencial: el neuroticismo. Neurosis noógenas (20%) que más que una enfermedad psíquica, son una pobreza espiritual y que no pocas veces son consecuencias de un sentimiento radical de falta de sentido.
El sentido no se puede otorgar, se encuentra. Y se encuentra, no se crea: sería un sentido subjetivo, una mera impresión de sentido o un absurdo. El hombre, incapaz de encontrar un sentido en su vida o de inventarlo, para escapar de la sensación de absurdo, llega a engendrar el absurdo [teatro del absurdo] o a crear un sentido subjetivo [LSD].
Es necesario encontrar sentido, es posible. Es la conciencia moral la que guía al hombre en esta búsqueda. La conciencia moral es un órgano de sentido: es la facultad de intuir el sentido único y peculiar que late en cada situación. Hasta el último suspiro, el hombre no sabe si ha cumplido realmente el sentido de su vida o más bien se ha equivocado.
En una época en que los diez mandamientos han perdido para muchos su vigencia, el hombre debe capacitarse para percibir los 10.000 mandamientos incluidos en las 10.000 situaciones con las que confronta su vida: así recuperará el sentido de su vida y se inmunizará contra el conformismo y el totalitarismo. Solo una conciencia lúcida le capacitará para resistir, para no amoldarse al conformismo ni doblegarse al totalitarismo.
Educar en la responsabilidad: vivimos en una avalancha de estímulos de los medios de comunicación social y en la era de la píldora. La libertad degenerará en arbitrariedad si no está complementada con la responsabilidad.
La vida tiene sentido; conserva ese sentido bajo todas las condiciones y circunstancias; y esto gracias a la posibilidad de encontrar un sentido en el sufrimiento, de transfigurar el sufrimiento humano en una aportación positiva.
Hay tres valores. Los valores de actitudes están por encima de los creativos y de los vivenciales.

El segundo tema que trata el libro es el de los Extravíos del pensamiento psiquiátrico (artículo de 1960).
El hombre normal y también (originariamente) el hombre neurótico no agotan su realidad en la satisfacción de los instintos o las necesidades con miras a mantener o restablecer su equilibrio psíquico, sino que buscan (al menos originariamente) el cumplimiento de un sentido y la realización de valores; y solo en la medida de ese cumplimento de sentido y realización de valores el hombre se cumple y se realiza a si mismo; y esto, a modo de un efecto que, si se persigue como fin, queda malogrado.
La dicha, la felicidad, no llega cuando se percibe como una meta, sino más bien cuando no se busca expresamente, cuando no se intenta alcanzar, sino que surge como un mero efecto concomitante. El placer tampoco es primariamente en ningún caso, o solo excepcionalmente, el objeto de la acción humana; esta apunta primariamente al cumplimiento de sentido y a la realización de valores. Lo que busca el hombre es su plenitud existencial (lo contrario del vacío existencial).
Vacío existencial: la reacción a este vacío existencial es la neurosis noógena, que no proviene de complejos y conflicto psíquicos sino de problemas espirituales y existenciales: el 90% de los encuestados declararon que el hombre necesita algo que le impulse a vivir y el 60% afirmaron estar dispuestos a comprometer y entregar su vida.
¿Sentido? Sentido personal y concreto de la vida, cuyo cumplimento se exige y reclama a cada uno; solo este sentido posee eficacia terapéutica.
El deseo de placer (principio de placer del psicoanálisis) y el deseo de poder (el afán de superación de la psicología individual) son secundarios, modos deficientes del afán humano normal y primario de cumplimiento de sentido y realización de valores.
¿Y la autorrealización? Es un efecto del cumplimiento de sentido y la realización de valores.
El hombre debe buscar una respuesta a la vida, buscar el sentido de la vida, para encontrarlo y no para inventarlo.

El tercer tema del libro es En la frontera entre la psicoterapia y la filosofía (artículo, 1961).
El psicoanálisis es pandeterminista; hace una interpretación determinista total: se rebaja al hombre, dentro de una imagen latente y no explícita, a un ser destinado originariamente a la satisfacción de los instintos, que incluye también el apaciguamiento del «aparato psíquico» (Freud) con arreglo al hipotético principio de homeostasia. En el neopsicoanálisis, se propone como objetivo del hombre no ya el autoapaciguamiento, sino la autorrealización, es decir, la realización de sus propias posibilidades, relegando la problemática de los valores.
Las posibilidades que importan son las posibilidades del cumplimiento del sentido y de realización de valores. El hecho de que estas posibilidades sean pasajeras, que al no realizarse se pierdan definitivamente, quiere decir que debemos declarar al hombre no solo como un ser libre, sino como un ser responsable, responsable de realizar las posibilidades pasajeras, de cumplir el sentido de su vida personal y de sus situaciones concretas y de perpetuarlas así mediante esta realización.
La interpretación del sentido supone que el hombre es espiritual y el cumplimento del sentido supone que es libre y responsable.
El hombre víctima de dudas o de desesperación acudía antes al director espiritual; pero hoy no acude al psiquiatra en demanda de consejo y ayuda. Este hecho no solo autoriza al médico, sino que le compromete a interesarse -más allá de la enfermedad somática y psíquica- por la dolencia espiritual del paciente como ser humano y no ya como enfermo.

En una Ponencia, aborda El deporte como fenómeno humano ¿Catarsis moderna o ascética secular? (Ponencia, 1972)
El hombre -al menos el hombre no neurótico- está volcado hacia las cosas y hacia sus semejantes del mundo exterior, no como simples medios para un fin: no par la satisfacción de su sexualidad y su agresividad. A la hipótesis desfasada según la cual toda motivación humana se basa en la homeostasia, voy a proponer contra ella estas cuatro tesis.
- Es obvio que el hombre no necesita estar sometido a una tensión extrema. Lo que necesita es una cierta tensión, una tensión sana y bien dosificada.
- El hombre busca tareas que tengan sentido, que puedan mantenerse en una «sana tensión». Si el hombre encuentra un sentido, entonces y solo entonces, se siente feliz, pero también se capacita para el sufrimiento.
- Estamos en una situación en la que el hombre apenas puede encontrarle un sentido a su vida. En la sociedad del bienestar y de la abundancia una buena parte de la población posee medios económicos pero carece de metas vitales: tiene de qué vivir, pero su vida carece de un porqué, de un sentido. Resulta así que el hombre actual pasa menos necesidad y sufre menos tensiones que el hombre del pasado.
- El hombre tiende a crear artificialmente la tensión que la sociedad le niega: se procura él mismo la tensión que necesita. Empieza a levantar «islotes de acética» y aquí veo yo la función del deporte: el deporte no es la catarsis moderna, sino que es la ascética moderna. El hombre inventa necesidad artificiales.
En el deporte competitivo bien entendido, el hombre rivaliza en definitiva consigo mismo. A la inversa, un exceso de intención (la «hiperintención», como se dice en logoterapia) lleva al agarrotamiento, como un exceso de autobservación (la «hiperreflexión) lleva a la inhibición. Cuanto más se busca el placer, más se le escapa a uno; en el deporte ocurre algo análogo: cuanto más se ansía la victoria, más se le escapa esta de las manos. La mejor motivación podría ser que uno quiera medirse con otro, pero sin intentar directamente vencerle. Cuanto más atento está el luchador a vencer a otro, más se agarrota, en lugar de estar relajado.
Un atleta auténtico solo compite consigo mismo. La logoterapia ha desarrollado una técnica para combatir el agarrotamiento como efecto de la hiperintención y la inhibición como efecto de la «hiperreflexión»: la «derreflexión» o «intención paradójica»: este tratamiento logoterapéutico se ha acreditado en los trastornos de tipo sexual y parece que también tiene aplicación en el deporte.
Declaraciones de entrenadores: Todo entrenador sabe que la tensión es el enemigo del rendimiento deportivo. Intento disuadir al deportista de querer ganar a toda costa. Cuanto mejor nada un deportista es cuando intenta convertirse en su propia adversario. Cuanto más intentaba aumenta su miedo, más desaparecía. En la lucha competitiva bien entendida, el hombre rivaliza consigo mismo y solo cuando adopta esta actitud alcanza su máximo rendimiento.
A la inversa, un exceso de intención lleva al agarrotamiento, como un exceso de autobservación lleva a la inhibición. La mejor motivación en el deportista podría ser querer medirse con otro, pero sin tratar directamente de vencerle. Cuanto más atento está el luchador a vencer al otro, tanto más se agarrota, en lugar de estar relajado.

Otra temática que plantea es Amor y sexo.
Hay dos aspectos de la autotrascendencia de la existencia humana: el amor y el sentido de la vida. El ser humano remite siempre, más allá de si mismo, hacia algo que no es él: hacia algo o hacia alguien, hacia un sentido que el hombre colma o hacía un semejante con el que se encuentra. Y el hombre se realiza a si mismo en la medida en que se trasciende: al servicio de una causa o en el amor a otra persona; el hombre solo es plenamente hombre cuando se deshace por algo o se entrega a otro. Y es plenamente él mismo cuando se pasa por alto y se olvida de si mismo.
El amor es algo más que encuentro. Acoge al semejante en su unicidad y singularidad, como persona. Y solo cuando el amante acoge al amado en su unicidad y singularidad, este se convierte para él en un tú.
El deseo de sentido, actualmente, está frustrado porque le arrebata su primacía el sentimiento del absurdo como origen de las neurosis que viene acompañado de una conciencia de vacío (vacío existencial). Y en este vacío existencial prolifera la libido sexual. Inflación sexual que conduce a su devaluación: se va deshumanizando. Porque la sexualidad humana es más que la mera sexualidad. Y lo es en la medida en que viene a ser expresión de una relación amorosa.
Cuando la sexualidad no es un expresión del amor, y pasa a ser un medio para obtener un placer, ese mismo placer fracasa; cuanto más se busca el placer, más se escapa este. Mi experiencia me dicen que la impotencia y la frigidez obedecen en la mayoría de los casos a este mecanismo. Y viceversa.
La optimización del goce sexual exige que no se aísle ni se desintegre la sexualidad separándola del amor y deshumanizándola. En la sexualidad en sus primeras fases, aun no del todo humanizada, se produce la descarga de tensiones sexuales acumulada y para esto basta la masturbación; en una fase posterior, aparece en el horizonte una pareja idónea para el acto sexual, y para esto basta una prostituta. La humanización de la sexualidad exige no estancarse en este primera o segunda fase o regresar a ellas. En esta fases se vale del onanismo y necesita la pornografía; en la segunda fase se manifiesta la promiscuidad y la prostitución. Tanto el consumo de pornografía como la necesidad de prostitución, incluida la necesidad de promiscuidad, son síntomas de retraso psicosexual que requieren diagnósticos.
La sexualidad humana se deshumaniza cuando queda degrada en simple medio para obtención de un placer. Pero también es un abuso considerar la sexualidad como mero medio para la reproducción en lugar de dejarla ser lo que es: expresión del amor. Pero la píldora solo puede contribuir a humanizar la sexualidad si esta se emancipa: la sexualidad solo pasará a ser culminación del amor si se pone voluntariamente y temporalmente, y no forzosamente, al servicio de la procreación.

Otra conferencia versa sobre los Argumentos en favor de un optimismo trágico (1983)
La logoterapia es una psicoterapia centrada en el sentido. Pero ¿se puede mantener a pesar de todos los aspectos negativos de la vida, del sufrimiento, la culpa, la muerte? También en los aspectos negativos y quizás especialmente en ellos, se puede extraer un sentido, transformándolos así en algo positivo: el sufrimiento, en servicio; la culpa , en cambio; la muerte, en acicate para la acción responsable.
La felicidad debe tener un fundamento del que nazca espontáneamente. No es posible el optimismo por decreto. No se puede fabricar. Cuanto más se la persigue, cuanto más se busca el placer, menos se alcanza. Toda la realidad humana se caracteriza por la auto trascendencia. Cuando yo me pongo al servicio de algo, tengo presente ese algo y no a mí mismo, y en el amor a un semejante me pierdo de vista a mí mismo. Yo solo puedo ser plenamente hombre y realizar mi individualidad en la medida en que me trasciendo a mí mismo de cara a algo o alguien que está en el mundo. Lo que debo tener presente, pues, es ese algo o alguien, y no mi autorrealización. Es más, debo relegarme a mí mismo, postergarme, olvidarme. Fenómeno del bumerang: el hombre solo vuelve sobre sí mismo, solo (hiper)reflexiona sobre si mismo cuando no encuentra el sentido capaz de hacer la vida «digna de vivirse». La persecución del sentido no solo hace feliz al hombre, sino que le hace también capaz para el sufrimiento.
El sentimiento de la falta de sentido va en aumento. Se ha incrementado el sentimiento de absurdo. (según Cáritas, el 42% de los jóvenes consideran la vida como absurda). El sentimiento de falta de sentido de la vida no es una enfermedad psíquica, sino la expresión de un agotamiento espiritual.
A lo largo de cuatro años pasaron por mis manos alrededor de 12000 casos y esto supone un cumulo de experiencias. Pude constatar una y otra vez que incluso en situaciones sin aparente salida hay siempre al final una solución, una respuesta, un sentido, siquiera a largo plazo.
El sentido al que se refiere siempre la logoterapia es el sentido que se oculta en la situación concreta que afronta una persona concreta. Se trata de un sentido potencial, se decir, un sentido que necesita ser actualizado justamente por la persona en cuestión, que se siente invitada a escuchar la «llamada» por parte de él. Además del sentido concreto, se da obviamente un sentido general. En cuanto al sentido que contempla la logoterapia: el sentido concreto, único y singular de cada situación, se alcanza a través de un proceso de búsqueda que está a medio camino entre la «vivencia del ¡ah! (…) y la percepción gestáltica (…): irrumpe de pronto un sentido, salta a la vista; el descubrimiento instantáneo de una posibilidad sobre el fondo de la realidad: la posibilidad de modificar ésta en la medida de lo necesario y lo posible.
En cuanto al conocimiento del proceso de hallazgo del sentido (…) el camino del estudio… junto a esta vía… conciencia moral. En cada caso debemos aplicar a esta situación un determinado criterio, una escala de valores. Hay, por decirlo así, tres pistas principales para encontrar sentido: primero, realizando una acción o creando una obra; segundo, contactando con algo, sea naturaleza o arte; quiero decir con algo o con alguien; y tomar contacto con alguien hasta el fondo de su ser único y singular significa amarle.
No solo podemos encontrar el sentido, por decirlo así, en el trabajo y en el amor, sino también cuando somos víctimas impotentes de una situación desesperada, una situación que no podemos cambiar, en la que solo podemos modificar nuestra propia actitud, cambiándonos a nosotros mismos, madurando, creciendo, transcendiéndonos y dando así testimonio de la facultad humana humana del hombre: la de transmutar una tragedia personal en triunfo.
Sobre el sufrimiento, la culpa y la muerte.
Lo que digo es que el sentido es posible a pesar del sufrimiento, por no decir mediante el sufrimiento, en el supuesto de que el sufrimiento sea necesario. Y cuenta el testimonio de un chico que en un accidente de submarinismo quedó paralítico de las cuatro extremidades: «Estoy convencido de que mi invalidez va a hacer de mi un consejero especialmente comprensivo. Sé que, sin sufrimiento, habría sido imposible la grandeza que he conseguido».
Un caso concreto me sirvió una vez para comprobar hasta qué punto el hombre es capaz de superar su culpa, y con ello, de superarse a sí mismo. Ser hombre significa decidir siempre lo que de he hacer de mi mismo, y esto a su vez significa asumir la responsabilidad de eso que he hecho de mí mismo.
Imperativo categórico de la logoterapia: «Vive como si vivieras por segunda vez y como si la primera vez lo hubieras hecho todo tan mal como estás a punto de hacer…». La muerte, y la vida -que es un continuo morir-. La caducidad ¿no es una invitación a la responsabilidad?
Las posibilidades de colmar un sentido son siempre efímeras. Pero una vez realizadas, se perpetúan, ya que la posibilidad transformada en realidad queda salvada en el pasado, donde nada se pierde, sino que se conserva y guarda frente a la caducidad.
La logoterapia no es una doctrina que se endosa a alguien; no es una imposición, sino una oferta.