Artículos de opinión

Mujeres que corren con los lobos

Les recomiendo Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés. «En toda mujer hay fuerzas poderosas por descubrir»; de eso se trata, de reencontrarse cada una con su «Mujer Salvaje»: «Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo (…) Cuando una mujer se aparta de su fuente básica, queda esterilizada, pierde sus instintos y sus ciclos vitales naturales y éstos son subsumidos por la cultura o por el intelecto o el ego, ya sea el propio o el de los demás». Para encontrar a nuestra «Mujer Salvaje» debemos regresar a nuestras «vidas instintivas», a nuestros «más profundos conocimientos».

La autora, psicoanalista junguiana, poeta, doctora y cantadora –guardiana de los antiguos cuentos de la tradición latinoamericana– comenzó a escribirlo en 1971 y tardó más de veinte años en terminarlo. Su conocimiento y experiencia le hace decir que «la maltrecha vitalidad de las mujeres se puede recuperar efectuando amplias excavaciones psíquico-arqueológicas en las ruinas del subsuelo femenino». Para ella, la mujer moderna es un borroso torbellino de actividad y se ve obligada a ser todo para todos: «Ya es hora de que se restablezca la antigua sabiduría». Las puertas que conducen al mundo del Yo salvaje son pocas, pero valiosas: «Si tienes una profunda herida, eso es una puerta; si tienes un cuento muy antiguo, eso es una puerta; si amas el cielo y el agua hasta el extremo de casi no poder resistirlo, eso es una puerta. Si ansías una vida más profunda, colmada y sensata, eso es una puerta».

Pinkola utiliza cuentos de hadas, mitos y relatos que proporcionan interpretaciones que agudizan la visión y permiten distinguir y reencontrar el camino trazado por la naturaleza salvaje: La Loba, Los cuatros rabinos, Barba azul, Vasalisa, Manawee, La Mujer esqueleto, El patito feo, La llorona o La vendedora de fósforos.

El término «salvaje» no se utiliza en sentido peyorativo de falta de control sino en sentido original, el de vivir una existencia natural, «en la que la criatura posee una integridad innata y unos límites saludables». Algunas lo perciben durante el embarazo, o cuando cuida una relación amorosa con el mismo esmero con que se cuida un amado jardín, o por la contemplación de la sublime belleza. Cuando se descubre esta huella ya no se puede seguir sin ella; recuperada, lucharás con todas tus fuerzas para conservarla.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s