Artículos financieros

Invertir en medio ambiente

Si la semana pasada hablábamos del consumo como aglutinador de varias megatendencias, hoy trataré de otra especialmente significativa: el medio ambiente.

En una visión a largo plazo, la regulación está a favor de esta temática con las políticas de descarbonización acelerándose y con inversión en compañías limpias que de la mano de la innovación y de la economía circular van a experimentar un fuerte crecimiento. Invertir en empresas o fondos de inversión sostenibles globales no es una tendencia pasajera y genera un impacto positivo en el medio ambiente y en la sociedad. Efectivamente, la imposición regulatoria cada vez es mayor tanto a los inversores como a las propias compañías y viene acompañado por fuertes estímulos fiscales en todo el mundo. Aunque en España tenemos un largo camino por recorrer –únicamente el 3.5 % de los fondos de inversión son ESG– sin embargo, en Suecia representan casi el 50% . Y, por otra parte, está demostrado que invertir en sostenibilidad a largo plazo es rentable: así sucede si comparamos el MSCI World y el MSCI Word ESG, que normalmente se sitúa por encima del índice común y mucho mejor en momentos de incertidumbre como en estos tiempos de pandemia.

Se trataría entonces de invertir en Fondos ESG diversificados, no solo desde el punto de vista sectorial, sino también geográfico y por capitalización incluyendo empresas pequeñas, medianas y grandes.

Entre los subsectores, destacaríamos principalmente el tratamiento de aguas (Veolia, Pentair o Xylem) ya que el aumento demográfico lleva aparejada el incremento de consumo de agua, un bien escaso pues solo el 0.4 % del agua es apta para el consumo humano; la gestión de residuos (FCC o Us Ecology) pues al aumento de la población se añade una conciencia cada vez mayor de reciclaje (según las Naciones Unidas por cada tonelada de papel reciclado se pueden salvar 17 árboles) y de eliminación de plásticos; las energías renovables (Iberdrola, Acciona o Nextera) que son limpias –los combustibles fósiles emiten Co2–, ilimitadas y no emiten gases de efecto invernadero y otros contaminantes; el hidrógeno (Ballard, Plug Power o Longi), el elemento más abundante del universo y que se puede producir en cualquier sitio que tenga electricidad y agua; y la alimentación sostenible (Hain Celestial, Bakkafrost o Corbion), con una población cada vez más concienciada de la seguridad alimentaria y su procedencia.

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