Diario de un náufrago

Menhires de otoño

«¡Qué bien estamos aquí, juntos. No queremos irnos!». La Gran Druida Pas Caroline expresaba el sentir común de estos ocho druidas que habíamos abrazado la niebla en el valle de Valdosín, al lado del nacimiento del río Esla, cerca del pueblo La Uña (Sabero) y es que, a la vez, habíamos tocado un trocito de cielo. Finito versus infinito. Y claro, en este estado, donde el tiempo es no tiempo, donde fluyes, donde todo te parece bien, donde no existe el ego, ni juicios ni prejuicios, donde cualquier cosa que sucede es una continua experiencia enriquecedora y una apertura al otro, donde andas desnudo, sin verguenzas, como «al principio» ¡¿Cómo querer salir de ahí?!»¡Y mañana es lunes!».

Estábamos citados a las nueve y media en el parque de La Granja, lugar de encuentro de al menos otras dos rutas. En moto, andando, en coche, en Schweppes, con polainas y sin polainas, fuimos apareciendo, más o menos dormidos, con la conciencia clara que había que celebrar el otoño en la naturaleza «como se hacía en los viejos tiempos» y, además, «estar abierto a experimentar lo que fuera surgiendo en cada momento». Y ahí estábamos todos -algunos en cuerpo presente- puntuales, después de alguna que otra dificultad («¿Quién quiere un poco de cobre?»): Susana Abrazos, Elena Salud & Belleza, Azucena & Gabriella sisters, la Gran Druidesa Pas Caroline –of course, nuestra maestra de ceremonias y Team leader-, Belén Kundalini y yo, pobre minimalista escritor bohemio. Camino nos esperaba en el lugar de salida.

Dirigiéndonos hacia nuestro destino, en coche, aprendí que el 13 es el día para renacer, para escribir y quemar eso que te hiere por dentro, aunque «si tienes que sanar o soltar algo el 25 por ejemplo, no tienes por qué esperar al 13». ¡Menos mal, pensé! El 13, la muerte en el Tarot y en la cábala hebrea… Y hablamos del perdón, comentando el abrazo de María a esa madre que, por descontrol de un coche automático que estrenaba, había atropellado y matado a su hija, también María, de seis años . Y, después de alguna que otra simpática conversación con nuestros guardianes del orden -«¡La ITV la tiene caducada!», «Señorita, ¿se acuerda de cuándo fue la última vez que renovó el carnet de conducir?»- y de guardar las llaves de los dos coches en lugar seguro («Siempre en un bolsillo que no vayas a usar»), llegamos a nuestro punto de partida.

Aún con tiempo soleado, el frío apretaba

Y comenzamos, casi sin querer, nuestra escalada al cielo, pasito a pasito, con la protección, no podía ser de otra manera, del Arcángel San Miguel¿Quién como Dios?-al que recordamos en su ermita.

Aunque en el cartelito no se contaba los orígenes de la ermita, las más altamente sensibles (PAS) notaron una energía especial que provenía de la Baja Edad Media (siglos V a X)
Donde conté la hazaña de San Miguel, Arcángel

Algunos le agradecimos su gran labor capitaneando a los ángeles buenos en esa terrible confrontación con los rebeldes gobernados por Satanás, según se cuenta en el Apocalipsis. Y recité el comienzo de su oración creada por el Papa León XIII:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio…

Con tanta protección, comenzamos nuestro andar. Al poco, llegamos a un manantial y solicitamos permiso para cruzar por una línea imaginaria.

La Maestra Gabriella nos enseñó a pedir permiso para cruzar por allí

Se nos concedió el permiso seguro porque, al poco, apareció otra puerta física que abrimos sin dificultad alguna y por donde cruzamos para contemplar, maravillados, a nuestra majestuosa y centenaria haya. En noviembre, mes del recuerdo a nuestros ancestros, pensamos: «Pero, ¿qué historias habrá vivido?».

Esta haya forma parte del Catálogo de Especímenes Vegetales de Singular Relevancia de Castilla y León

Y nos acercarnos a ella con su permiso, sin ánimo de robarle energía, más bien para enriquecerla -si eso fuera posible- con la nuestra, la individual y la del grupeto. Y le hicimos compañía un buen ratito, el que fuera, que en el cielo el tiempo es no tiempo, pues transmitía tranquilidad («¡si necesitas energía, acércate a unos pinos!»).

Belén Kundalini medita sobre su nueva casita y en la importancia del crowdfunding
Camuflaje perfecto de la Gran Druidesa Pas Caroline, mujer salvaje, en su entorno natural, que se recrea pensando en lo bien que está cumpliendo su misión cósmica

Y, por momentos, nos dedicamos a meditar, y a sentirnos trascendentes, y como árboles cuyas hojas se las lleva el viento, y a degustar el intenso olor de la tierra.

Susana Abrazos medita en dejar el pasado atrás una vez que aprendió sus enseñanzas
Imitando la clase de danza moderna de nuestra Rosario
Vistas desde nuestra haya, que es de todos

Nos despedimos de ella y, entre acebales y refugios, y algo de nieve en la cumbre del Peña Ten, llegamos a nuestro menhir (maen -piedra- e hir -larga) de Valdosín, uno de los dos monolitos hincados en el suelo que podemos encontrar en nuestra provincia de León y que con sus 180 centímetros de altura ve, perplejo, lo que ocurre por allí desde hace 4000-2500 antes de Cristo. Nuestro menhir, cristianizado con una cruz.

Poco después de las ofrendas a nuestros antepasados. La idea era recuperar la energía original del lugar

Vinculado con algún rito funerario, y como se trataba de rendir culto a nuestros ancestros, también a los del megalítico (mega, grande, lithos, piedra), después de pedir permiso, iniciamos una serie de ofrendas. Alguien, ocurrente, recordó a Obélix, que hacía del comercio de estas rocas su modo de vida. Luego, encendimos el fuego, que se resistió un poco, por algo sería…

Y bebimos el brebaje calentito del caldero preparado por La Gran Druidesa Pas Caroline (Foeniculum, Solidago, Quercus robur, Betula, Melissa, Equisetum y Erica) y olimos esencias de Egipto que nos suministró La Maestra Gabriella («¡Qué bien huele, me chifla!») con componentes secretos, quizás como preparación de ese viaje sanador que algunas de nuestras druidas harán próximamente el 22 de febrero de 2022, y que algunos –éter– podremos seguir on line.

Brebaje sagrado y reconstituyente & esencias de Egipto
Donde hicimos el fuego & los cuatro cuarzos generadores con la punta hacia arriba, con todo lo que eso representa…

Luego, enterramos alrededor del menhir los cuatro cuarzos que la Maestra Gabriella había traído: al norte, al sur, al este, al oeste. «Que cada cual saque sus propias conclusiones», dijo; yo lo hice al oeste, que significa, obviamente, madurez, tierra… Colaboraron también en este trabajo -«¿Pensábais que no habíamos venido a trabajar»?- La Gran Druidesa Pas Caroline, Susana Abrazos -«Necesito mi tiempo para asumir todo esto»- y La Maestra Gabriella, of course, que fue contextualizando el ritual de las ofrendas a nuestros ancestros alrededor del menhir, cada cual según su propia inspiración.

Y meditamos, cogidos de la mano, rodeándolo.

Al principio sin movernos, con los ojos cerrados. Después, en danza funeraria y alegre

Y por allí estuvimos un buen rato, el que sea, que en cielo el tiempo es no tiempo, en silencio, o paseando, o tocando algunos tambores que tres druidesas habían traído, o cantando, o siguiendo el ritmo de Neonymus…

Susana Abrazos abraza, of course

Y en este estado de pura trascendencia, un buitre nos dijo que siguiéramos adelante -como en el BBVA-, que todo estaba bien.

Y mis ancestros me decían: «¡Bendito tú entre las mujeres!»

Y en continuidad con nuestro sacrificio (sacrum -sagrado- facere -hacer-), compartimos comida, conversación y risas, que no faltaron en ningún momento.

Poco a poco nos fuimos desfigurando hasta haceros uno con la naturaleza y con nuestros ancestros
Ofrendas naturales

Luego, acompañados por el silencio, por momentos, y por la música de Neonymus, bailamos como Afiladores del Diablo, o como Monumento funerario, o como Puntos de acupuntura terrestre, o, finalmente, como Piedras de Fecundidad.

Para concluir el ritual, que parecía una liturgia sacra, fundimos la energía masculina con la femenina gracias al arte del tango: la mujer que abre sus alas y el hombre que da el abrazo. Y así estuvimos un tiempo, el que sea, que en el cielo el tiempo es no tiempo, con los ojos cerrados, andando de un lado a otro, abrazados.

Los últimos rayos de sol

Para finalizar, la Gran Druidesa Pas Caroline, nos leyó unos escritos de nuestro nuevo amigo Neonymus:

Respuesta de lo remoto

De tanto llamar a lo remoto, lo remoto respondió y vino al hombre con voz poderosa, mostrándole una felicidad desoladora. El hombre había perdido el respeto a todo. A su entorno, a los otros seres vivos. Ni siquiera se respetaba a sí mismo, ni a su cuerpo, ni a su cerebro…Pero lo remoto dulcificó su lenguaje y trasportó al hombre a un escenario natural, donde los pájaros y el viento le animaron a seguir un viejo sendero que aún no había sido borrado. O quizás de su antepasado, no lo sabemos, y solo al final la consciencia tiene conocimiento de ello. Y lo revela sin saber si ya ha sido expresado antes. Esta es la llamada a lo remoto para que inspire a los oficiantes.

Existe una secreta combinación de notas que pueden sobrecoger el corazón. Hay unas cadencias de acordes que hurgan en los recuerdos no vividos.

De regreso a casa, sonrientes
Pues eso, sonrientes
Con mi cayado y descalzo, que había que pisar tierra, aunque «tú ya eres muy tierra…»

Y esta mañana, mientras pensaba en el día de ayer, no dejaba de preguntarme: ¿No sería bonito que cada momento de nuestro día, de cualquier día, lo hiciéramos sagrado? Y pensé que sí, que sería estupendo. Y me acordé de ese escrito de Juan Pablo II a los artistas, que tengo que releer, y que habla de cómo la belleza de lo creado nos lleva al Creador y de cómo el artista-creador se identifica mejor con el Artista Divino. Y volví a sonreír. Quizás se trata solo de esto, de ser creativos, para seguir en cielo, para paladearlo en este mundo nuestro al que amamos apasionadamente.

Quizás, para esta meta, tan solo tenemos que encontrar nuestra tribu, nuestro sentido de pertenencia. Y, para llegar a la trascendencia, encontrar también nuestro sentido de propósito o de misión («misión cósmica») y nuestro sentido de narrativa. Y es que, aunque hoy sea lunes, también está cargado de magia y trascendencia que podemos descubrir si somos buenos investigadores y así encontrar ese «algo divino» que se esconde en toda las realidades humanas, incluso en las más prosaicas; ese hacer endecasílabos de la prosa ordinaria.

Y es que este lunes bien merece, también, ser vivido.

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