Artículos de opinión

Pedir perdón para perdonar

Tuve varias conversaciones para ponerme en sintonía con el Café PAS que Activos y felices organizó este sábado con la colaboración de la Fundación Marcelino Oliver: Una palabra olvidada en la sociedad: el perdón. «Perdoné a la persona que atropelló a mi padre y empecé a trabajar para concienciar a la sociedad de los beneficios del perdón», dijo Nino Oliver, su presidente.

Para una amiga al perdón se puede llegar por dos vías, cognitiva y emocional. Revives la emoción para soltarla o transformarla en amor y así eliminar esa «autointoxicación psíquica» que diría Max Scheler que es el resentimiento. La intelectual pasa por constatar un comportamiento que produce una decepción, preguntarnos cómo esperábamos que se comportara y comprender, aceptar y perdonar, trasmutando el dolor en compasión. Otro amigo me decía «no soy quién para perdonar, no juzgo a nadie». Un tercero ponía el acento en la intencionalidad del «agresor» que tiene que ver con lo que dice Mariano Crespo en su libro El perdón: «Perdonar a alguien es ver ‘con ojos nuevos’ la indestructible plenitud de valor que reside en cada persona. Ciertamente, reconocemos el disvalor moral de la acción… pero no lo identificamos con su acción injusta de modo tal que un rechazo de esta llevara necesariamente a un rechazo de este».

Para el autor del libro Ocho claves para el perdón, Robert Enright, no es solo un mecanismo para enfrentar la adversidad y dominar la ira: «Ofrecer un regalo de amor a los injustos fortalece el mundo interior del que perdona que viene a percatarse de que su amor es más fuerte que cualquier injusticia que jamás hayas experimentado». El libro concluye que aquellos que perdonan reducen significativamente su ira, ansiedad y depresión e incrementan su autoestima y su esperanza: «Se le pide que piense en el otro y que buenamente trate, sin presión alguna, de ver en él un valor inherente, no por lo que ha hecho, sino a pesar de ello».

Juan Pablo II, que perdonó a Alí Agca –el joven que intentó asesinarle– hablaba de una cultura del perdón: «El perdón podría parecer una debilidad; en realidad, tanto para concederlo como para aceptarlo, hace falta una gran fuerza espiritual y una valentía moral a toda prueba». Cuando ya no se reza «perdona nuestras ofensas» es menos probable el «como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Sentirnos perdonados, pedir perdón, perdonar.

Jaime Cárdenas, experto en perdón y reconciliación social, nos habla del perdón desde un punto de vista antropológico.

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