Artículos de opinión

A propósito de nada

julio 2020

La autobiografía de Woody Allen me ha encantado. Siempre me ha fascinado su cine y también un libro de relatos que leí ya hace tiempo y que me pareció muy gracioso. Alguien me dijo un día que mis libros de relatos le recordaban a los de WA. ¡Madre mía! Si la vida no tiene sentido alguno y no se cree en el más allá, su respuesta con el humor es digna de elogio. A él lo que le gusta es escribir, entre otras cosas porque no tiene horarios ni depende de nadie. Y el proceso creativo: cuando termina una película se olvida de ella y al siguiente proyecto. Se ve, además, una persona humilde: piensa sinceramente que nunca ha realizado una gran película, a pesar de todo el dinero que pusieron a su disposición y de toda la libertad que le dan para realizarlas como él quiera. Y se muestra terriblemente dolido por la acusación injusta de pederasta. Dedica muchas páginas a este tema, y yo le creo.

Para un fan suyo, los comentarios que va haciendo de cada una de sus películas son oro molido. Dice que en su vida ha tenido mucha suerte y haber estado en el sitio adecuado. En todo caso, siempre trabajando. Me encanta cuando dice que no le interesan las críticas, que no las lee; ni los premios. Solo el proceso creativo, el resto es pérdida de tiempo. Si ya antes me caía bien, ahora me cae genial.

Ni se considera un intelectual ni le gusta demasiado la realidad («Siempre he detestado la realidad, pero es el único sitio donde se consiguen alitas de pollo»). Por eso necesita la magia, la ficción. Me alegra saber que, después de cientos de aventurillas, llevan casados y enamorados (con Soon-Yi, a quien adora) más de veinte años y forman con sus dos hijos una familia feliz. Me encantaría saludarle y decirle que no es tan importante que no crea en Dios, que eso Dios ya lo sabe, y que le sonríe, y no solo por sus películas, libros, obras de teatro, guiones o monólogos. Volveré a ver La rosa púrpura del Cairo pues «cuando me preguntan cuál es el personaje de mis películas que más se parece a mí, solo tenéis que mirar a Cecilia en The Purple Rose of Cairo. Le encanta la magia, el póker, las mujeres y el jazz, por supuesto. «Creo que Pigmalion es la mejor comedia que se ha escrito», y dicho por WA…

¿Y por qué Woody Allen?: «Finalmente, mi TDAH se impuso y Woody se me ocurrió de la nada. Era corto, quedaba bien con Allen y tenía un toque ligero y vagamente cómico, a diferencia de, por ejemplo, Zoltan o Ludovico». Lo de ir al psicoanalista de sus personajes es biográfico: «Terminó aconsejándome que fuera a ver a un psicoanalista cuatro veces a la semana. Yo me tumbaba en un diván y él me exhortaba a que dijera todo lo que se me pasaba por la cabeza, incluyendo una descripción de mis sueños. Lo hice durante ocho años y gracias a mi astucia logré no avanzar en nada (…) Vi a tres loqueros más en mi vida».

A sus ochenta y cuatro años, con su «fobia de entrar», sus comentarios son conmovedores: «No me gustan los aparatitos. No tengo relojes, no uso paraguas, no poseo cámaras ni grabadoras y aún hoy necesito que mi esposa me configure el televisor. No tengo ningún ordenador, jamás me acerqué a un procesador de textos, nunca he cambiado una bombilla, ni he mandado ningún correo electrónico ni he lavado un solo plato». A mí WA me hace gracia, aunque «Uno nunca sabe por qué la gente no se ríe de cosas que a ti te parecen muy graciosas. La risa no es una ciencia exacta».

En el podcast de Spotify David Esteban Cubero, Guiones y guionistas, su capítulo 400 lo dedica a este libro: Lecciones de la autobiografía de Woody Allen.

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